Es difícil expresar en un texto la experiencia que supuso nuestro RYLA. Sobre todo porque para mí eran casi más potentes las emociones e ideas que iban surgiéndonos, que la explicación objetiva de lo que hicimos.

Participantes en el RYLA.
Desde el comienzo nos invitaron a modificar nuestro “chip”. Si ya de por sí no sabíamos de qué iba a ir el fin de semana, fuimos reprogramados o más bien invitados a olvidar todo cuanto nos rodeara en nuestra rutina diaria, para vivir intensamente cada minuto a partir de ese momento. Así pasamos de “cronos” a “kairos”. A continuación empezamos a crear vínculos entre los participantes, formando una pequeña “familia”. Y con este conjunto, en plena Sierra de Guadarrama, ya teníamos el ecosistema ideal para emprender la aventura.
Durante el RYLA asistimos a conferencias muy amenas, que recogían lo fundamental para sembrar en nosotros la semilla de lo que es ser un verdadero líder. Aprendimos también lo que no es un líder, la importancia de escuchar a los demás (¡Pero escuchar de verdad!), el poder de la confianza y sus elementos constitutivos, cómo dar feedbacks… y muchas otras cosas, de la mano de una gran profesional del Coaching, Begoña Pabón y su magnífico equipo.
Y si las charlas fueron interesantes ni qué decir de los frutos de las dinámicas de grupo… Desde el principio fuimos distribuidos en conjuntos de unas 6 personas para trabajar como equipo. Para mí lo más apasionante fue, sin ninguna duda, la evolución de los miembros. De no conocernos de absolutamente nada, ver cómo se modificaban los roles, cómo los que eran tímidos se abrían, los que desde el principio tenían “la voz cantante” se amoldaban y motivaban al resto a cumplir los objetivos comunes… y sobre todo el “insight” de que para lograr las metas era necesaria e imprescindible la colaboración de todos y cada uno de los miembros. En el momento que uno cayese el grupo iba detrás con él (buenos golpes nos dimos al intentar meternos 6 personas en apenas unos centímetros cuadrados ¡Y cuánto nos reímos!).

Carlos y Javier Ágreda. Dinámicas de grupo.

Carlos y Alberto en los ejercicios en Guadarrama.
No quiero contar demasiado, esto es sólo un resumen, hubo muchas experiencias inolvidables. Una de las que más me marcó interiormente fue la construcción de un Mándala personal… y por supuesto la cantidad de gente increíble que conocí en sólo un fin de semana.
Para terminar, creo que la mejor forma de conocerlo es vivirlo por uno mismo, así que animo a todos aquellos que tengan curiosidad a que no se lo piensen dos veces y se lancen a vivir esta experiencia. Porque es, sin ninguna duda, una de las mejores decisiones que se pueden tomar en la vida. Sobre todo si quieren iniciar la carrera que les lleve a ser los auténticos líderes del futuro.
Texto de Javier Ágreda, socio del Rotaract Club Madrid Velázquez Junior y participante en el RYLA de abril de 2011.